Carta abierta de la sociedad civil a los líderes mundiales: Es tiempo de poner los derechos humanos al centro de la política ambiental

 

Más de 150 organizaciones de la sociedad civil y de los pueblos indígenas, así como académicos, procedentes de más de 50 países, publicaron una carta abierta en la que piden a los líderes mundiales que sitúen los derechos humanos en el centro de la política medioambiental.

 

El respeto y la protección de los derechos humanos y la protección del medioambiente están inextricablemente unidos. Sin embargo, aunque los Jefes de Estado de 88 países han pedido en el Compromiso de Líderes Políticos por la Naturaleza que se ponga fin al pensamiento aislado, la formulación de políticas medioambientales sigue excluyendo o dejando de lado los derechos humanos con demasiada frecuencia.

El respeto y la protección de los derechos humanos y la protección del medioambiente están inextricablemente unidos. Sin embargo, aunque los Jefes de Estado de 88 países han pedido en el Compromiso de Líderes Políticos por la Naturaleza que se ponga fin al pensamiento aislado, la formulación de políticas medioambientales sigue excluyendo o dejando de lado los derechos humanos con demasiada frecuencia.Hoy, los abajo firmantes, una amplia gama de organizaciones de pueblos indígenas, grupos de la sociedad civil - incluidas las organizaciones de derechos humanos, medioambientales, de conservación y las personas defensoras de los derechos humanos, la tierra y el medio ambiente - así como los académicos y expertos del Sur y el Norte globales, hacemos un llamado a los líderes mundiales para que se reúnan los derechos humanos, el medio ambiente y el clima en la formulación de políticas, a fin de garantizar un mundo justo, equitativo y ecológicamente saludable para todos.

La relación recíproca entre la naturaleza y las personas ha existido desde tiempos inmemoriales, pero en la actualidad está desequilibrada. Hay innumerables ejemplos en todas partes del mundo de cómo los bosques, las sabanas, las fuentes de agua dulce, los océanos e incluso el aire mismo están siendo privatizados, contaminados y destruidos por industrias como la agricultura, la madera, la pulpa y el papel, la minería, la extracción de petróleo y gas. Estas y muchas otras industrias no sólo destruyen la Madre Tierra, sino que también tienen impactos directos y devastadores sobre los derechos humanos. Los pueblos indígenas y las comunidades locales que viven cerca de las zonas de producción, extracción y procesamiento de materias primas sufren el despojo de sus tierras, el empobrecimiento, el deterioro de su salud y los impactos destructivos en su cultura, entre otros muchos abusos. A su vez, las personas defensoras de los derechos humanos, de la tierra y del medio ambiente que tratan de impedir estas violaciones enfrentan amenazas, criminalización y ataques violentos y, cada vez más, asesinatos.

Los costos tanto de la destrucción ambiental como de las medidas para abordarla a menudo recaen de manera desproporcionada sobre quienes ya se encuentran en posiciones precarias, como los pueblos indígenas, los afrodescendientes, las comunidades locales, las mujeres, los niños y niñas, las personas jóvenes y los trabajadores mal pagados, particularmente en el Sur Global, pero también en el Norte Global, mientras que las ganancias de las industrias más grandes y más dañinas para el medio ambiente, y la riqueza de sus propietarios y financiadores, continúan creciendo. Es imperdonable que las industrias contaminantes se beneficien a expensas de la salud y los derechos humanos de las comunidades marginadas. Y, en última instancia, esta destrucción ambiental tiene impactos indirectos sobre los derechos humanos de todos nosotros.

Este mismo mes, el Consejo de Derechos Humanos adoptó una resolución que reconoce el derecho a un medio ambiente saludable. Sin embargo, si bien existen pruebas de que la protección de los derechos humanos puede conducir a mejores resultados ambientales, los llamamientos al reconocimiento de la naturaleza integral e indivisible de los derechos humanos y el medio ambiente a menudo son desatendidos en los foros de políticas ambientales y climáticas mundiales, regionales y nacionales.

Esto debe cambiar. Como comunidad global nos enfrentamos a múltiples crisis que se entrecruzan: el aumento de los abusos en materia de derechos humanos y los daños ambientales por parte de las empresas, el acaparamiento de tierras, la pérdida de la soberanía alimentaria y del agua, el aumento de la pobreza y la desigualdad, el incremento de los ataques y asesinatos de personas defensoras, los desastres y la migración inducidos por el cambio climático, la disminución de la salud de los océanos y la pérdida crítica de diversidad biológica. La resolución de estas crisis exige un enfoque holístico de la política medioambiental que incorpore los derechos humanos y aborde los problemas sistémicos, como la injusticia social históricamente arraigada, la destrucción ecológica, la captura del Estado por las empresas, la corrupción y la impunidad, así como la desigualdad social y económica.

Instamos a los líderes políticos del mundo a garantizar que toda la formulación de políticas relacionadas con el medioambiente, incluidas las crisis climáticas y de diversidad biológica, la propiedad y el uso de la tierra, el agua y los recursos, la degradación de los ecosistemas, la responsabilidad empresarial y el comercio, entre otros, aborden los derechos humanos y el medio ambiente de manera integrada. Esto ayudaría a catalizar la acción transformadora que se requiere con urgencia.

El respeto, la protección, la promoción y el cumplimiento de los derechos humanos, y la protección de aquellos que los defienden, debe ser una parte esencial y no negociable de las medidas adoptadas en las próximas negociaciones a realizarse en el Convenio de las Naciones Unidas sobre la Diversidad Biológica, en la COP15 y la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, en la COP26. Los derechos humanos también deben ocupar un lugar central en las políticas climáticas y ambientales a nivel regional y nacional, como la legislación propuesta sobre deforestación en el Reino Unido, la UE y los Estados Unidos, que debe fortalecerse aún más. Este es el momento de actuar: les pedimos que unifiquen de una vez por todas los derechos humanos, el clima y el medio ambiente. Al hacerlo, pueden ayudarnos a nosotros y a nuestras futuras generaciones a prosperar viviendo en armonía con la naturaleza. Y al hacerlo, pueden también afirmar que tanto la naturaleza como las personas tienen un valor intrínseco y que los gobiernos son serios en el cumplimiento de su deber tanto de proteger a la Madre Tierra como de respetar, proteger y cumplir los derechos humanos.

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